La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

Ex libris (melodrama bibliófilo en tres actos)

Ha pasado una infinidad de tiempo desde que conocí a Pedro Pérez, licenciado por Sigüenza. Al poco tiempo de empezar a cruzar mensajes con él —escasos, para qué nos vamos a engañar, escasos (que una no está a la altura)— en el Bosque le pedí una idea para escribir sobre ella y él respondió sin despeinarse: "escribe sobre un sillón morado". Hice caso a su encargo y el resultado está en la sección de "A golpe de tecla"; su parte, que ahora traigo (tras arduas y durísimas negociaciones) es un regalo que él me hace y que yo ahora, con su permiso, comparto con vosotros. Y dice así:


* * *

-Sólo hay dos cosas que me hagan sentir vivo: acariciar la piel de un libro encuadernado en cordobán y leer una mujer. Aunque la piel del libro carece de ciertos lugares inexplicables, como esa tierra de nadie en la que el labio empieza a dejar de serlo y la piel se va trasformando en labio, pero no es piel ni labio, sino el resquicio por el que la prosa se ordena en versos, y la lectura apacigua y seda. Me quedo dormido cada vez que comienzo a pasear el índice por esa región de la mujer; pero ellas, que aguardan siempre algo más, me abandonan como se abandona una buena novela difícil: con dolor y con la certeza fatal de que nos reclamará de nuevo.

-¿Y las reclama?

-Siempre. O siempre lo hacía. Desde el accidente estoy, por así decirlo, fuera de juego. Gracias a Dios ella siempre está a mi lado. Sé que no me dejará.

-Es una buena lectora –bromeé.

-Y una buena novela.

Mientras el viejo hacía una pausa para beber de su copa, me pregunté si tendría que aguantar sus locuras durante toda aquella semana. Quizá se centraría en los libros cuando empezáramos a examinarlos. Era un encargo extraño. Me había contratado para tasar su biblioteca, una de las más impresionantes que había visto en mi vida. Tenía primeras ediciones, ejemplares únicos, obras dedicadas de puño y letra de un clásico a otro clásico quien, a su vez, se dirigía en otro libro a un político ilustre, o a un artista que adornaba la portada de otro ejemplar con un dibujo a lápiz, tejiendo una red invisible a lo largo de toda aquella colección. Encontré un impreso aldino, manuscritos iluminados del siglo XV, un par de incunables bajo cuyas cubiertas se adivinaban fragmentos de pergamino cubiertos de partituras en rojo y negro: un tesoro encerrado en aquel despacho sucio, tan descuidado como su dueño. Me iba a llevar muchas horas examinar aquellos anaqueles repletos, de los que se ufanaba el viejo. Estremecía verlo pasear su mirada muerta por el lomo de los libros. Miraba como si pudiera ver, como si tras sus gafas oscuras hubiera ojos, y no dos agujeros negros.

-No le acompañaré en su tarea. Sería demasiado doloroso. Lo hará mi esposa.

-Bien. Puede estar tranquilo. Seré justo en la tasación.

-No lo sea. Mejor sea generoso. Si fuéramos justos no tendríamos otra salida que asesinarnos por las esquinas.

Era optimista el viejo. Por suerte salió de la habitación y me dejó a solas con los libros. No me atreví a tocarlos hasta que regresara, pero entonces oí una voz bien diferente a mi espalda.

-¿Sigue aquí? Qué valiente. Los otros no resistieron el discurso sobre los labios.

No tenía aspecto de novela. La mujer aparentaba treinta y cinco años. Vestía una blusa blanca que revelaba lo suficiente, y fumaba un cigarrillo con boquilla de plata, como una estrella de cine antiguo

-¿Es usted su hija?

Ella me dedicó una sonrisa cómplice.

-Sé que le ha explicado las condiciones. Será mejor que empecemos. Querría terminar cuanto antes.

Estuvimos seis días revisando los libros. Ella los iba tomando de la estantería y me los entregaba, siguiendo un orden que no acertaba a comprender. Yo examinaba cada uno durante unos minutos. Tomaba nota de los detalles, señalando los datos que necesitaba comprobar más tarde en los catálogos; pero podía calcular el precio con bastante aproximación, y en casi ningún caso era bajo. Aunque alguno me decepcionó: como una novela de los años treinta de un autor olvidado. Una edición pretenciosa, probablemente financiada por él mismo; lo único valioso era la encuadernación.

-Perdón. Ha sido un error.

La mujer me quitó el libro de las manos y lo devolvió a la estantería. En su lugar dejó un ejemplar envejecido. Se trataba de un impreso de Elzevir. No podía dar crédito a lo que tenía entre mis manos.

-¿Tiene idea de lo que vale esto? ¿Seguro que quiere deshacerse de él?

-Son sus instrucciones.

-No lo entiendo. Y sin embargo conserva esa bazofia.

-Es por la encuadernación. Cuando dice que le gusta más acariciar a un libro que a una mujer no miente.

Aquella tarde terminamos pronto. Al caer la noche oímos un grito que venía de otro extremo de la casa. Era el viejo, que la quería a su lado. Se despidió de mí hasta mañana y me dejó en el recibidor mientras me ponía la cazadora: él no podía esperar. Abrí la puerta para marcharme, pero me pudo la curiosidad, y no resistí la tentación de deslizarme por el pasillo hasta la puerta del dormitorio. Presté atención y pude escuchar unos minutos de conversación. Era absurda. El viejo le hacía preguntas sobre sus sentimientos, sobre sus deseos; hablaba como el protagonista de una telenovela. Pero lo más sorprendente era que ella no se avergonzaba. Respondía como si estuviera confesando, como si hablara con un psiquiatra, y no con su marido. Como si aquella fuera una conversación sensata.

-En tus sueños, ¿reconoces a tu amante? ¿Soy yo ese hombre?

Me atreví a mirar por la rendija que dejaba la puerta entreabierta y pude ver, reflejado en la puerta del armario, cubierta por un gran espejo, al viejo tumbado en la cama, boca arriba, las manos cruzadas sobre el pecho, y a la chica sentada en una butaca junto a la cabecera, con las piernas cruzadas, respondiendo la pregunta con un susurro inaudible. Observé que la butaca era un sillón morado que desentonaba violentamente con el resto de la decoración, como un grito de protesta que el viejo no podía escuchar. Entonces ella me miró. Pude ver sus ojos fijos en el reflejo de los míos. Parecía estar del otro lado del espejo, en un mundo aparte, un mundo que era el de aquel loco que la leía tumbado en su lecho.



***



Un día, cerca ya del final de nuestro trabajo, me recibió ella sola. Dijo que su marido estaría ausente una semana. No dio más explicaciones. Mientras me conducía a la biblioteca comenzó a hablar sobre los viajes de su marido. Antes eran más frecuentes, dijo. Solía acudir a Londres –llamaba a Sotheby’s su segunda casa-, a Praga, a Roma, a Nueva York. Sobre todo a Hamburgo, donde trabajaban los mejores contrabandistas. Allí consiguió aquel manuscrito árabe. Cuando volvió a casa con él estuvo días leyéndolo, olvidando los otros, en contra de su costumbre. Su marido, aclaró, podía leer árabe a la perfección. Claro que aquello fue antes del accidente. Me pregunté cómo, y adónde podía viajar un ciego, y qué libros podía comprar, pero me intrigaba más su afición a leer mujeres.

-Creía que no leía libros.

-Comprenderá que un hombre que ha reunido una colección como la suya no ve en los libros simples objetos.

No quise contradecirla, aunque sabía bien que esa es la norma. Las mejores piezas están en poder de los más ricos, que suelen ser los más estúpidos. Normalmente coleccionan coches, barcos, tierras, amantes, enemigos. Los analfabetos, libros caros. Entonces le conté la historia de un viejo conocido, un bibliófilo que cumplía condena en California por atentar contra un magnate de la informática que había comprado unos manuscritos de Leonardo. Llevaba detrás de aquellos libros desde hacía más de veinte años, y no pudo soportar verlos en manos de un idiota que creía que el latín era un lenguaje de programación.

-Mi marido lo habría conseguido. Conseguía todo lo que quería.

No le pregunté si se refería al libro o al asesinato. Aunque no me costó imaginarme al viejo conspirando para saquear la biblioteca de un moribundo, o mintiendo a una viuda para hacerse con un incunable . Y ahora, ya ciego, seguía viajando. Era tan extraño. Debía de haberle resultado duro perder la vista. Perderlo todo.

-Yo los odiaba –dijo ella-. Odiaba sus libros. No podía soportar que dedicara la vida a perseguir libros por el mundo, sumergido en ellos, en los catálogos, en libros y más libros.

-Dicen que en este es el gremio con más divorcios. A ustedes no les gusta que sus maridos pasen la noche acariciando libros...

-No sea imbécil. Lo difícil es soportar que sólo hable con los libros, que sólo tenga ojos para ellos, que una se vea reducida a ser poco más que un mueble. Para pasar la noche sirve cualquier hombre. Yo lo quería a él. Lo quiero a él.

Y no había acabado de decir esto cuando me besó. No dijo nada más. Empezó a desnudarme, tirando mi ropa por el suelo de la biblioteca, y me arrastró hasta el dormitorio.



***



Aquello se repitió durante tres días. Apenas entraba en el piso me conducía en silencio a la cama y follábamos hasta llegar la tarde. Después comíamos algo y, quizá por guardar las apariencias, o por tranquilizar la conciencia, regresábamos a la biblioteca para continuar el trabajo. Sumida en los libros parecía cada vez más asqueada, harta de aquellos objetos polvorientos, deseando terminar la tarea y temiendo que su final fuera también el de nuestros encuentros. Yo hubiera querido que fuéramos personajes de novela para proponerle una fuga, o asesinar a su marido y quedarnos con sus libros. Pero la realidad no casa con el romanticismo barato, y en aquel momento no tenía nada que ofrecerle.

Cuando me despedí aquella noche me anunció que su marido estaba a punto de regresar. El trabajo estaba casi terminado. De hecho para el viejo era ya suficiente: cuando me recibió al día siguiente lo primero que dijo era que daba por concluida la tasación. Me propuso cobrar el salario pactado o escoger, en su lugar, un par de libros por los que podría conseguir un mejor precio. Naturalmente, elegí esta opción. Y, naturalmente, elegí dos libros que había tasado, previendo que algo así podría suceder, muy por debajo de su precio real. No es una práctica rara en mi profesión la de cobrar en especie, y gracias a ella es rentable vivir como un ratón de bibliotecas ajenas. Mientras me acompañaba hasta la puerta le ofrecí buscar un buen comprador, alguien generoso y decente, que no intentara estafarlo.

—No, gracias. De eso nos ocuparemos nosotros. Usted ya ha sacado bastante beneficio de este negocio.

Supuse que sospechaba algo de mi pequeño fraude. Debía de conocer bien su colección. No obstante le entregué mi tarjeta y le prometí que, si lo deseaba, le ayudaría a deshacerse de sus libros a cambio de una buena fortuna. Evité decirle que me despidiera de su esposa. Una vez en la calle pensé que no volvería a verla, pero entonces oí que ella me llamaba. Se refugiaba en un portal, al otro lado de la calle.

-Sólo quería despedirme.

-Ven conmigo –le dije-. Con lo que me van a pagar por estos libros podremos vivir bien. Y puedo ayudarte a sacarle al viejo un puñado de ejemplares que nos hagan ricos.

-No. No puedo dejarlo. Él ha sacrificado mucho por mí. Durante mucho tiempo le reproché que sólo tuviera tiempo para su biblioteca. Nunca me hablaba, nunca me escuchaba. Sólo leía sus libros. Hasta que lo abandoné. Entonces ocurrió el accidente. Ha sacrificado tanto por mí... Dice que le gusta leerme, ¿sabes? Quizá no ha dejado de amar los libros. Quizá yo me he convertido en uno.

-Pero está loco.

-Todos lo estamos. Sólo sé que él ha sacrificado demasiadas cosas. No puedo abandonarlo de nuevo.

Me alejé sin volver la cabeza. Ni siquiera le dejé besarme. Quizá tuviera razón y estemos todos locos. Debía olvidar a aquel matrimonio cuanto antes, y vender los libros que le había sacado al viejo. Un par de millones, quizá. No podía creer que se hubiera dejado engañar así.

FINIS
Martes, 07 de Junio de 2005 23:56.

Comentarios » Ir a formulario

Autor: Portnoy

Ha valido la pena la espera. Señor licenciado, mi enhorabuena. Señora Mobile, gracias por compartirlo con nosotros.
P.

Fecha: 07/06/2005 17:59.


Autor: La donna è mobile

Yo le he guardado un sitio a Pedro por si quisiera repetir, Portnoy, y bien sabes que el tuyo siempre está disponible.

Un beso querido (sin comas), :-)

Fecha: 07/06/2005 19:39.


gravatar.comAutor: Ernesto

A veces ocurre cuando vas en patinete (algunas piedras brillan más). Buena li-te-ra-tu-ra (pronúnciese con mayúscula). Un placer conocerle (descubrirle), señor lisensiado. Y gracias a la señora Mobile por traer a su casa esta delicatessen y servirla, voila, a sus glotones invitados).

Fecha: 07/06/2005 19:40.


Autor: La donna è mobile

No hay de qué, Ernesto. Nada me gustaría más que el que esta casa se convirtiera en el refugio de quienes lo encuentran escribiendo. En fin (si te animas...).

Me quedo con esta frase, Piter:

"(...) Quizá no ha dejado de amar los libros. Quizá yo me he convertido en uno."

A no ser que alguien tenga alguna sugerencia del tipo "la tiranía del lector", y quiera darme una línea o un objeto para que escriba sobre él (es un favor que os pido, tengo la mente en blanco) voy a ver qué saco de esa (evocadora) línea.

Fecha: 08/06/2005 00:58.


gravatar.comAutor: Nicolás

Es muy bueno. Veo influencias de Poe, sobre todo al principio, y alguna de Borges. Eso sí, yo cambiaría algunas cosas, la palabra "follar" por ejemplo, desentona con el resto del cuento... hay cosas que no hace falta decirlas para suponerlas.

Fecha: 08/06/2005 11:10.


Autor: cierzo

Me asomo, de puntitas a tu blog, intentando no hacer ruido, tan solo para decirte que, después de leerte unos cuantos días, tengo que felicitarte por tus escritos.
Me congratulo contigo y no sé nada de ti pero irradias ese espítitu vital del que carecen el resto de mujeres que voy leyendo en alguna blog (la verdad es que son muy pocas, apenas leo diez blogs)
En fin, seguiré entrando a verte.
El post sobre tu madre fue genial... el que consiguió tocarme fibra y hacer que ahora esté tecleando para ti.
Besos

Fecha: 08/06/2005 13:36.


gravatar.comAutor: Ernesto

Se me ocurre una propuesta para un texto. Es una frase que, en realidad, pertenece a un poema de Pessoa. Un verso desgajado, solo, más solo que la luna, que siempre me ha parecido muy sugerente, enigmático, desesperado y, de un modo confuso, terrible. Confieso que, hace unos años, escribí un relato titulado así. Ahora, en este particular juego llamado "la tiranía del lector", me intriga saber qué escribirás tú. El verso dice: "te quiero sólo para un sueño". ¿Te animas?.

Fecha: 09/06/2005 01:00.


Autor: La donna è mobile

No creo que desentone, Nicolás. Desde luego sobresale, eso es cierto, el tono parece romperse ahí, pero es que esa palabra tiene ese efecto donde la pongas (a no ser que sea un relato porno-trágico). A mí me gusta, no hay que dar rodeos con ella, no es cursi, es una palabra que está desnuda y se mete corriendo. Follar es eso, follar, y se visualiza a la primera.

:-) (algunos la visualizamos más de tanto en tanto que ooootros, XDDDD)

Fecha: 09/06/2005 09:37.


Autor: La donna è mobile

Me alegro que te guste lo que hay por aquí. Te habrás dado cuenta que no es todo mérito mío, vamos, ni mucho menos. Este blog está lleno de colaboraciones, como "el idiota de la caja" o los "porno-trágicos", y para qué hablar de los que vienen a poner su granito de arena en forma de comentarios. Vamos, que en realidad mi parte es la más pequeña. Y menos mal.

Gracias por venir, cierzo, :-)

Fecha: 09/06/2005 09:40.


Autor: La donna è mobile

Ernesto, me animo. Pero cuando yo enseñe el mío, que me voy a poner a hacerlo ahora mismo, enseñarás tú el tuyo. Ya puedes ponerte a darle pátina, que yo voy que me las pelo, :-)

Gracias por la idea, ve preparando otras.

Fecha: 09/06/2005 09:42.


Autor: PaquiLou

Bueno, ya está bien eh?, tanto varón agradecido de leerte, y vale con las comparaciones, cada cuál tiene su estilo, los hay brillantes y menos brillantes..
Qué duda cabe que Donna es fantástica...y no digo ná, esos ojitos, y eso..rompe esquemas..( ya lo sé). Pero..aquí estoy yo, MUJER ANTE TODO, para decirte de viva voz, que eres estupenda, que escribes cómo las mieles de la madre reina, que incitas a seguirte, que eres sobre todo sensata, que te destacas, porque.......esto....( si lo digo, van a pensar la tropa de infantería, que ando loca de amor por tí..así que.....me callo, mejor..) y continuo diciendo...Donna, que tu lo vales chica...!!!!
Un beso andalúz...ea..!

Fecha: 09/06/2005 15:28.


Autor: PaquiLou, con algo que olvidó, importantísimo...

El texto de este post, es genialmente delicioso...
( ya sabes pulir bien eh?..)
Un fuerte beso de nuevo, esta vez, fraternal...( pá no levantar sospechas).

Fecha: 09/06/2005 15:30.


gravatar.comAutor: Ernesto

Hecho. Aunque, seguro, te me adelantarás (es que estoy en el curro y saldré tardísimo, así es que hasta casi la medianoche no podré sentarme en casa a colgar la cosa en bruto, nada de pátinas).

Fecha: 09/06/2005 16:07.


gravatar.comAutor: Ernesto

(Mira que llamarme "fórmula de la cocacola" a mis espaldas, en blog ajeno aunque tan nuestro ya, Rosa de Alejandría: eso no está nada bien. ¿Qué va a pensar el señor de Portorosa?. ¿Cómo cargo yo ahora con ese halo de misterio extranjerizante?. ¿Es lo tuyo un golpe bajo o una cosquilla en la nariz?. Se me dispara el carbónico de tanto pensar en la dichosa frasecita, blurps, brougs,ssshhhh, reblurps...)

Fecha: 09/06/2005 17:23.


Autor: La donna è mobile

Ay, Paqui, el texto es de Pedro Pérez. Yo soy muy mala inventando historias. Malísima. Esta mañana, aprovechando que estaban los peques en la escuela he intentado perpetrar el relato sobre "sólo te quiero para un sueño" y estoy atascada. Me sale muy obvio, eso no puede ser, hay que saber darle el giro. Pedro ha sabido, mírale, y yo lo intentaré ahora cuando acabe con las cenas y las duchas y se acuesten estas fieras.

Tengo un pique con Ernesto, y muchas ganas de leer cómo escribe él (presiento que me llegará la mandíbula al suelo y lo admiraré mucho más. Que ya será una cosa...). Estoy deseando leerle.

Un beso, Paqui, :-)

Fecha: 09/06/2005 20:07.


Autor: La donna è mobile

Es una caricia, y una cosquilla, y una cosa rica como todo lo que mereces, so liante, :-)

Gracias por todo. Te haces imprescindible.

Fecha: 09/06/2005 20:11.


Autor: pedro

El comienzo es deslumbrante.
Y el planteamineto.
Y el desenlace.
Y tú.

Fecha: 09/06/2005 23:46.


Autor: pedro

¡planteamiento!

Fecha: 09/06/2005 23:46.


gravatar.comAutor: Ernesto

Ya está. Te lo acabo de enviar por correo. "Te quiero sólo para un sueño".

Fecha: 10/06/2005 02:08.


Autor: Pedro Pérez

Bueno, qué personal más majo. Muchas gracias, aunque lo mejor es la confusión que se percibe en algún mensaje, en la que me parece entrever la sospecha de que soy un invento de nuestra voluble dama (que no móvil). Eso sí que sería interesante, e introduciría una nueva capa más entre la realidad (?) y la ficción. O a lo mejor es que todos nosotros somos personajes suyos...

Pero bueno, ahora urge librar a la voluble dama del atasco en que la ha sumido mi pérfido rival (pues no dice que lo admirará... En guardia, bellaco). Propongo tema, o mejor dicho, a vuestra manera, una "semilla", una frase inicial:

"Un día, en la playa, apareció un extranjero"

Yo tardaré mucho en escribirlo, pero ya tengo la idea. (Algo más tardaré en escribir cierto mensaje, porque para eso hasta me falta la idea). Paciencia.

Fecha: 10/06/2005 02:48.


Autor: Pedro Pérez

Un sólo consejo: contar una historia dentro de la historia. ¿Me explico? Creo que la clave (o una de ellas) de un buen relato es esa: contar varias historias a la vez, o bien narrar una historia oculta bajo la historia aparente...

Y termino, como buen machurro, con el tema del folleteo: "follamos", es cierto, rompe el ritmo. No encaja, no pega con el tono del relato: quizá la solución sería cambiar ese tono... Pero el "follamos" es más difícil. ¿Qué digo? ¿Hicimos el amor? No es el caso. Y además, qué cursilada. ¿Copular, fornicar, empujar, tirar, echar un polvo? ¿Un horrible y burocrático "practicar el sexo", o un estupidísimo "hacer sexo"?

Vaya duda. Que San Fernando Lázaro Carreter nos asista.

Pedro Pérez
Licenciado por Sigüenza.

Fecha: 10/06/2005 02:48.


gravatar.comAutor: Roberto Zucco

¿No hay un tufillo borgiano en este relato, por cierto, fantástico?

Fecha: 10/06/2005 07:29.


Autor: Portorosa

A mí también me ha gustado. Bastante, además.

Fecha: 10/06/2005 11:42.


Autor: La donna è mobile

Pedro... pst, pst, ¡que no es mío! (¿por qué nunca nadie me cree cuando digo que hay algo escrito en esta casa que no es de mi propiedad? XDDDD)

De todas maneras acepto el cumplido y lo pongo a buen recaudo. Hoy me hacen falta, me duele la cabeza desde ayer ininterrumpidamente y ya no sé donde meterme para que se me pase (encima, dentro de media hora, aluvión de críos, ¡auxilioooooo!)

Gracias, Pedro, :-)))

Fecha: 10/06/2005 12:21.


Autor: La donna è mobile

Ya lo he leido, Ernesto, hace un ratito. No voy a decir ni pío para no predisponer aquí al respetable, peeeeeeeero adelanto que no me ha defraudado en absoluto y que, si Dios quiere, esta noche lo cuelgo junto con el mío, si es que la tortilla de Gelocatiles hace su efecto.

Gracias, Ernesto,

Fecha: 10/06/2005 12:25.


Autor: La donna è mobile

(Ay, mira que disfruto con los duelos, caramba)

Que digo que sí a lo de "follamos". Entiéndaseme, digo sí a la opinión expresada por PP (¿Desde cuándo Pepe?) con respecto a la palabra, y digo aún más, el relato que tengo en la rampa de lanzamiento, el de "Sólo te quiero para un sueño" intenta parecerse a lo que él ha sugerido, la historia que se traga otra. No lo conseguiré, claro, peeeeeeeeeero, he ahí el reto.

Por otra parte, mi word ha tomado nota de la sugerencia de semilla y como tengo más ganas de escribir que de comer (que ya son) me voy a poner enseguida a ello, oye.

Fecha: 10/06/2005 12:32.


Autor: (...)

Otrosí, en lo tocante a las personalidades de aquí, los contertulios, quede claro que no sería la primera vez que se viera algo semejante (aunque este no sea el caso). En ese foro que usted y yo compartíamos, señor PP, había, hay una señorita que ostenta el record en número de nicks activos que coquetean los unos con los unos, se ponen el balón en los pies, se jalean, enamoran y hasta pelean, haciendo ostentación de recuerdos pasados, futuros proyectos, y yo qué sé. Una cosa...

No me meta usted en ese saco que le agarro de la solapa y se viene detrás mío.

(Argggg...)

Un beso, Pedroquerido, y gracias otra vez. Paciencia, ay.

:-))

Fecha: 10/06/2005 12:36.


Autor: Para Zucco-uterino y Porto-rosa

:-)

(Vamos, que una sonrisa y que salgo pitando. Esta noche nos vemos, besos, besos, me voy, me voy, me voy...)

Fecha: 10/06/2005 12:39.


Autor: pedro

No, ya, si, que ya había leído que no era tuyo, eso, lo cual no obsta para que aproveche que el Pisuerga pasa por Valladolid para atribuirte los mismos elogios que al cuento de mi tocayo y de los que no quito ni una coma (coma), ¡Cosa guapa!

Fecha: 10/06/2005 13:39.


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